Más allá
de uno mismo, el deseo se abre paso ante la posibilidad de vivir... aunque en
nuestra sociedad, el gozo en solitario tácitamente está prohibido.
Estos son
los demonios que acompañan al ser humano en su vergüenza, en su temor de verse
expuesto ante la incapacidad de si mismo... más aun, cuando el futuro se halla
comprometido a causa de las consecuencias de sus actos.
¿A quién podría acudir un alma buscando repuestas en el laberinto de la duda, máxime si la noche se vuelve tormentosa a más de los delirios de la moral y de los conflictos de la culpa?
¿O es que acaso alguien o algo siniestro nos contempla desde la oscuridad enmudeciendo nuestro pudor?