El plenilunio que acaba de acontecer este 27 de julio de 2018 fue
muy significativo, pues en él, no solamente se alinearon el Sol, la Tierra y la Luna en un evento denominado 'Eclipse de Sangre' o 'Luna de Sangre', que pudo ser observado en el otro hemisferio de
nuestro planeta, sino que hubieron otras manifestaciones astrológicas
tremendas e importantísimas de las cuales no se supo nada.
A la hora precisa del eclipse [20:21:45 Tiempo Universal], Marte estaba
en perfecta oposición con el Sol, tanto como la Luna; de tal manera que ambos, Marte y la Luna, estuvieron en 'conjuncion', mientras Venus, posada en el
cielo frente a Marte, yacía en perfecta oposición con Neptuno.
Este arreglo planetario, digno de alguna
leyenda de los dioses antiguos que nadie parece haber apreciado, sucedió
apenas hace algunos días, por lo que su efecto, que esta aconteciendo también
ahora, nos alude de igual manera aunque estemos en la 'decrecencia del ciclo
lunar'; es decir, que nos movemos hacia la Luna Nueva.
Por lo tanto, esta Luna Nueva también es
significativa, tanto como su 'preámbulo menguante'... Como ustedes saben, en la Luna Menguante 'se muere' para 'amanecer a la vida' otra vez tras la Luna Nueva... en su creciente.
Es el signo de la renovación, de la
pureza, de la virginidad en su sentido más amplio y exaltado, por lo que éste es y será, el tiempo
perfecto para 'deshacer los lastres' y purificar el cuerpo y el alma hacia la
renovación, en un 'ciclo consagrado' y núbil.


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